viernes, 3 de julio de 2015

HUELVA, LUZ DE OCCIDENTE


Homenaje a la tierra que acoge estos pasos y descarríos, pues sólo con levantar la vista inspiras a esto, Huelva. Y respirar tus salinas fragancias, mientras se escucha al Céfiro Viento acariciando tu eterna costa desde Ayamonte hasta el Guadalquivir. O recogiendo el lenguaje de piedra y metal que nos dejaron los primeros pobladores de Onoba, la Ciudad Portuaria, que acaso por levantar hogares y chozas de ramas y monte bajo no fueron dignos de ser los primeros ciudadanos de Occidente, hacer más de cinco milenios atrás. La Mar viene y se va, pero la piedra ha quedado en otras muchas localizaciones como vestigios del constante acercamiento del Hombre al Atlántico, como sucede en la actualidad con la pesca en todas las localidades costeras. La riqueza de los campos onubenses no ha tenido parangón en ningún momento de la Historia de la Península Ibérica, y es que todos conocemos sus frutales y viñedos, así como la riqueza forestal que poseen el Andévalo y la Sierra. Forasteros vinieron, unos se fueron y otros no, como los fenicios y los griegos, los cartagineses y los romanos, los visigodos y los musulmanes, los castellanos y los portugueses, los ingleses y los franceses. Todos han dejado su huella marcada a fuego sobre la piel de esta tierra, con el propósito de explotar la riqueza mineral que la ha caracterizado desde la más remota antigüedad. Huelva y sus pobladores, que tantas veces se han visto explotados por todos aquellos colonizadores, a pesar de la cordialidad y humildad que siempre nos caracterizó. Huelva y sus pobladores, que tantas veces fueron sometidos por los unos y por los otros, y que nunca dudaron en levantarse contra el vecino llegado desde otros lugares y tiempos. Por eso, aquí y ahora, mi pequeño homenaje a este pueblo que es la Huelva de siempre, porque seguimos aquí, a pesar del olvido y la esclavitud a los que nos está sometiendo el mundo moderno.

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