lunes, 15 de junio de 2015

LA ORILLA ATLÁNTICA

—¿Se puede saber a qué se debe esa imperiosa obsesión tuya por viajar hasta las Costas del Mar Eterno? —preguntó Ludverión, cuyas rectas facciones apenas eran apreciables bajo su alargada y negra cabellera.

—Antes de que mi corpóreo ser desaparezca de este mundo —respondió Evodenio convencido, luego de cerrar sus cansados ojos e imaginar algo que jamás vivió—, habría de contemplar los vastos e inalcanzables horizontes del Mar Eterno. Antes de que la Oscura Muerte se lleve mi alma, tendría que escuchar el batirse espumoso de su indómito oleaje. Y antes de que mi frágil voluntad sucumba frente a los encantos de la Reina de las Tinieblas, debería sentir sus salinas fragancias sobre mi rostro y mi cuerpo despojado de vestiduras, mientras yerro por su arenosa y bañada orilla.








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