miércoles, 26 de febrero de 2014

KALIANDRO E ÍPAMO (CAP.3)


El General Kaliandro fue uno de los súbditos más leales del Rey Soiral de Ípamo, hijo menor del Rey Adonás, y por ende, uno de los adoradores del Dragón Blanco: millares de Ekronoidas que, tras el Tercer Estruendo, abandonaron su refugio en las Montañas Nandurún, así como el padrinazgo que les había proporcionado el primogénito del Dios Ekronón desde el génesis de la civilización Atlante. Pero ellos no fueron los únicos Semidioses que dejaron atrás el exiliado Reino del Norte; ya que, mientras los seguidores de Soiral se establecían en la recóndita Isla de Ípamo en un intento frustrado por retornar a las lejanas Costas del Suroeste, poco tiempo después, los partidarios de su hermana Xánawen se marcharon de esos mismos territorios y prosiguieron con su aletargado peregrinar hacia el Mar Eterno, persuadidos por la propia hija del Rey Adonás y por el divino compromiso que tenían los Ekronoidas de navegar allende sus vastos y oceánicos horizontes, tras ser indultados por la Tierra Madre poco antes del gran cataclismo. En consecuencia, todos aquellos inmortales que se ausentaron de la Ciudad Blanca recibieron el calificativo de Atlantes Oscuros, ya se instalasen en la recóndita Isla de Ípamo o se ocultasen en los profundos Bosques de Karlarape. Antagónicamente a los fieles adeptos de Soiral y de Xánawen, los Blancos seguidores del Rey Adonás y del Príncipe Helenciaspo aún permanecerían en las inquebrantables Montañas Nandurún y en las Tierras Estepas, perpetuando sus longevas vidas en el Reino del Norte hasta el desenlace de sus incontables alboradas. En el otro orden de la existencia Ekronoida y muy lejos ya de la influencia de estos Tres Reinos, habría que mencionar a los escasos Semidioses que alcanzaron los antiguos y desolados Puertos del Suroeste, pues construyeron veleras naves y embarcaron, arrumbando melancólicos hacia el ocaso y desapareciendo así para siempre de la Atlante Emergida. 

Entonaba el céfiro viento que Kaliandro, antiguo Mariscal del Rey Atlante, fue sorprendido en el fragor de un apasionado romance junto a la Reina Yanárade, la bella e indescriptible esposa del Rey Soiral. El famoso perjurio aconteció cuando ya el hijo menor de Adonás ejercía su noble potestad sobre la frondosa e inexpugnable Isla de Ípamo; sin embargo, entre los Ekronoidas que moraban en las profundas galerías de la Ciudad Secreta de Zaníbula, aquella espinosa cuestión siempre fue acompañada por un mortecino y manifiesto mutismo. Con el lánguido desfilar de las estaciones, lo único que se consideró indudable es que Soiral acusó de traición a Kaliandro, siendo éste condenado a un humillante e inesperado destierro más allá de las fronteras del Reino del Dragón Blanco, junto a los siete guerreros de su Estrella y otros cientos de fanáticos secuaces. Desde el instante en el que se dictaminó la sentencia, los proscritos no dejaron de ser humillados por los restantes Atlantes Oscuros; y, siendo motejados y recordados como los Traidores de Ípamo, se vieron obligados a buscar un nuevo hogar lejos de los dominios del Rey Soiral. Forzados a embarcar como las rumiantes reses, Kaliandro y los suyos abandonaron finalmente la Ciudad de Zaníbula y su Isla, así como las apacibles riberas interiores del Mar del Chánzapo; se despidieron de sus dulces aguas con angustia y con rabia, y una vez que volvieron a pisar tierra firme, echaron a caminar con la única intención de atravesar las escabrosas montañas que resguardaban y aislaban a aquel feudo Ekronoida del resto de la Atlante Emergida.

Al poco tiempo de que se produjeran aquellos desdichados acontecimientos, Kaliandro juró lealtad a Daekrom; y así fue como, tras la desaparición del único Dragón Negro que había sobrevivido al Tercer Estruendo, el Atlante Oscuro se convirtió en el Guardián de lo que en el infausto abismo de la Caverna del Miedo se estuvo concibiendo durante largos años. Como principal oficial de las Hordas de Zórnakro, el Desterrado de Ípamo jamás desistió de hacer la encarnizada guerra al Rey Soiral, pues el insuperable y resentido odio que profesaba hacia el hijo de Adonás y hacia todo lo que comprendía el Reino del Dragón Blanco creció a pasos agigantados conforme la oscuridad se hacía eterna en su frágil corazón. Forjado y armado el Ejército Negro, las combativas Estrellas del General Kaliandro y los Hombres Salvajes batallaron en las sierras aledañas al Mar del Chánzapo, dejando en evidencía que su primordial objetivo radicaba en sitiar a los Ekronoidas de Ípamo y confinarlos en la boscosa Isla interior. Definitivamente, el asedio se consumó, debiéndose de prolongar hasta el momento en el que Zórnakro estuviese capacitado para surcar los cielos de la Atlante Emergida, pudiéndose así consumar la ansiada venganza que el Traidor tenía reservada para su anterior Rey. Y así, bajo el imperio de la fatídica guerra, transcurrieron fugaces las cosechas y los campos volvieron a teñirse de sangre inmortal, y entre batalla y batalla, aquellos Atlantes Oscuros que rindieron pleitesía a los Vástagos de Darnes evolucionaron hasta convertirse en los soldados más tenebrosos y sanguinarios de todo el mundo conocido, aun siendo dignos poseedores de la corpulenta, arrogante y bizarra estampa de los Hijos de Ekronón. 


2 comentarios:

  1. Ya se van disipando algunas dudas...me sigue pareciendo muy interesante y fácil de leer...y el detalle del mapa está chulo...Vaya capacidad que tienes para tantos nombres y tan variados...:)

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  2. Me alegra saber que te gusta, y sobre todo de que es fácil de leer, después de lo complicado que ha resultado que quede con ese estilo. Gracias.

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