sábado, 22 de febrero de 2014

COMIENZO DEL CAP.4 "LA COMPAÑÍA DE LA ESPADA"

Con la llegada de las gélidas y refulgentes auroras del mes del Toro, el Mariscal Ludverión manifestó que las estrellas del Auriga y Aldebarán volvían a emerger como las prímulas flores de aquella época, mostrándole su incuestionable brillo sobre los confines orientales de la escabrosa Iberia, antes de que la magna y áurea luminosidad de Sol las ocultase. 

En tanto se alzaban aquellos fatídicos amaneceres, Evodenio se estuvo aprestando a empuñar la Espada Thartsoida en el Patio de Armas de la Ciudad Blanca, sin que a Zórnakro le martirizaran las sospechas sobre el broncíneo paradero de Lázunder. Asimismo, mientras el Dragón Negro prolongaba su último y aletargado periodo de hibernación, el Portador de la Espada se dedicó a enderezar los miembros de su renacido cuerpo, tan lejos de que el aciago despertar de aquella bestia de iracundo fuego le proporcionase estremecimiento alguno o le amedrentase en su renacido ímpetu. De este modo, Hombre frente a Atlante, el Guerrero Thartsoida se sintió estimulado como para plantar combate, bronce contra bronce, al grandioso y fulminante Ludverión, y amanecer tras amanecer, a los cuatro feroces miembros de su primigenia Estrella: Niflián, Ojo Rapaz; Brakasoas, Aliento de Darnes; Taleronio, el Navegante del Suroeste; y Labestión, el Jabalí de Olavedna. Ante la desnuda estatua del Dios Ekronón, el intimidatorio Mariscal Atlante consideró que fue un adiestramiento breve pero intenso; satisfactorio para que el Rey del Bosque se sintiese preparado con vistas a la inminente partida hacia la Guerra, y capacitado para enfrentarse al fragoroso estrépito de una sangrienta batalla. 

Por otro lado, en el transcurso de aquella breve y ajetreada primavera, el Portador de Lázunder y los Mariscales Atlantes, comandados por el Príncipe Helenciaspo, predispusieron todo para atravesar las Tierras Estepas y combatir por la libertad del Reino Thartsoida. Y revelándose ese perentorio momento, el Rey Adonás convocó a la Compañía Ekronoida para la Noche del Vino y de las Antorchas en la circular Plaza de la Fortaleza, festividades que, en la Ciudad Blanca, se conmemoraban con el primer plenilunio del mes del Toro. 

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